27 de febrero de 2012

Déjalo para el final

- ¿Ves ese chico de allí?- preguntó Jewel señalando a un hombre que jugaba al voleibol en la playa-. Es un travesti. Ahora no, pero de noche su álter ego Roberta se monta toda clase de juergas. Roberta es peliroja, siente debilidad por los tacones de aguja y le encantan las joyas. Tiene un spaniche diminuto ...
+ ¿Qué es un spaniche?- pregunté, riendo.
Jewel me lanzó una mirada.
- No me puedo creer que no sepas lo que es un spaniche. Es el cruce de caniches con spaniels que hacen los criadores de perros que juegan a ser Dios. Pero a Roberta le encanta su spaniche, Donnie.
+ ¿Y cuál es su nombre real?
- Su nombre real no importa- dijo ella-. Él se siente Roberta. Representa su papel: juega al voleibol con sus amigos de día y trabaja en una oficina, pero en su interior es Roberta. Ahora te toca a tí.
+ Vale- dije-. ¿Ves esa chica? - señalé una chica tumbada en la arena-. Nació hombre.
- ¡Eh!- exclamó Jewel-. Es casi un calco. Y ni siquiera parece transexual.
+ Los de verdad nunca lo parecen. Los llaman chicos-damiselas. En Asia son increiblemente populares.
Jewel rió.
- ¿Sabes que decir "nació hombre" no tiene sentido? Parece que naciera un hombre totalmente desarrollado en vez de un bebé.
+ Eso es porque nació totalmente desarrollado- asentí.
Jewel negó con la cabeza.
- No, tienes que limitarte a lo que es posible.
+ Si los spaniches son posibles, es  perfectamente posible que un hombre nazca totalmente desarrollado y se transfome en mujer.
Jewel rió de nuevo y me apretó la mano, y yo me volví y la besé. Debíamos de parecer unos chiquillos tontos, pero no me importaba porque era feliz. Lo que pensara la gente ya no importaba.

STEPH BOWE.

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